Lado B 9 febrero 2017

Arquitectura

El mejor jardín de infantes del mundo

El arquitecto japonés Takaharu Tezuka proyectó un jardín de infantes con un diseño revolucionario pensado para darles más libertad a los chicos e incentivar su curiosidad por el mundo.

Este jardín ovalado fue pensado para una institución llamada Fuji, cerca de Tokyo, la ciudad natal del arquitecto. El techo del jardín forma una pista ovalada de 183 metros para que los 500 niños que estudian allí puedan correr libremente a su alrededor.

A lo largo de la construcción tres árboles penetran las salas y la pista ovalada. Alrededor de los árboles se dispusieron redes para que los niños puedieran caminar alrededor, treparse y ver las salas de abajo.

A diferencia de las clásicas salas cerradas en este jardín no hay divisiones. Está abierto la mayor parte del año sin distinción entre el espacio exterior e interior. Los salones tampoco tienen paredes sino que se dividen con pequeños bloques móviles. Para Tezuca no se necesita silencio para dar clase. Por el contrario, los niños se concentran más cuando hay sonido ambiente mientras que los espacios silenciosos los ponen nerviosos. Según el arquitecto, la ausencia de barreras acústicas mejora el desenvolvimiento de los niños.

Por otra parte, algunos reaccionan negativamente a los límites espaciales pero en este jardín no hay razón para que lloren o pataleen. Si alguno quiere salir de la clase lo dejan correr alrededor del jardín y volver cuando se siente mejor.

Cada salón tiene por lo menos una claraboya que además de mejorar la luminosidad del espacio sirve para que Papá Noel pueda entrar por los techos. Los lavabos tienen diseños especiales para que los chicos puedan jugar con el agua. “Los niños están hechos a prueba de agua”, dice Tezuka defendiendo la idea de darles libertad para que puedan salir a jugar aun con lluvia.

También, proyectaron una construcción anexa, diseñada con los mismos principios, exclusiva para que los niños jugasen. Tiene cinco metros de alto y siete niveles. “Los niños - explica Tezuca - necesitan una dosis de peligro. Así aprenden a ayudarse unos a otros. Estamos perdiendo este tipo de oportunidades actualmente”.

Gracias al diseño arquitectónico los niños tienen una experiencia mucho más activa en su educación. En promedio recorren 4000 metros cada jornada mejorando su capacidad atlética.

“El punto es que no hay que controlarlos ni sobre protegerlos. A veces necesitan caerse, lastimarse un poco. Con eso aprenderán como vivir. Creo que la arquitectura es capaz de cambiar este mundo y la vida de las personas. Este fue un intento de cambiar la vida de estos niños”, concluye Tezuca.

Fotos: Katsuhisa Kida para Tezuka Arquitects



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